"Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar."
Un viejo cenicero lleno de historias inacabadas humea los restos de lo que llevas de día. Está siendo una jornada intensa. Te frotas las sienes en busca de un último aliento. Colocas el separador al acabar el párrafo y buscas refugio en un vaso de café mientras contemplas la armonía irregular del gotelé dibujada sobre la pared. Es pronto para pasar la página. El croquis mental que tienes carece ya de sentido alguno: buscas una salida. Sabes lo que quieres pero no cómo conseguirlo...¿O sí? Trazas nuevas rutas, alternativas. Tembloroso, coges el mechero y lo accionas: surge una chispa, pero no es la que necesitas. Desencadenas una combustión que intoxica tus pulmones de verdades.
Ahora eres un ser extraño en el mismo cuerpo. El dolor ya no es un impedimento y tu esófago es de hielo, ¡y nadie ni nada puede derretirlo! Has entrado en guerra, tu guerra. Te has vuelto tremendamente exigente en todos aspectos de tu vida y sabes que eso te priva de disfrutar de tu día a día con mucha mayor intensidad, eres inmune a la vida. No paras de corregirte, no paras de equivocarte: buscas una perfecta imperfección. Tragas saliva. La música ha dejado de sonar: te encaramas a tu cruz y tú mismo refuerzas los clavos en las palmas de tus manos, sangrantes y doloridas, para evitar caer de bruces contra la realidad, Es tu "pasión" y rezas - en contra de tu escepticismo- para que un Dios te muestre el camino. Rastreas voces en el jaleo de la lluvia, miradas en la oscuridad de la noche, tristeza en la felicidad; en definitiva, lo (casi) imposible.
Y ahora, que estás podrido de sentimientos, resoplas y subes la persiana a ver si la luz de la luna te ilumina... Te entra un sudor frío, el único que últimamente conoces. Sonríes y coges la guitarra. Tiene muchas llagas incrustadas en su mediocre madera. Entonas un canto a la vida, a la felicidad, porque en el fondo sabes que siguiendo en esa línea, siendo fiel a tus principios, encontrarás en algún momento tu camino. No sabes cómo es, no quieres dejar tu suerte vendida al azar, confías en el karma... Let it be. Eres el sentido común.
Si sales del mundo puede que no vuelvas a entrar, pero día tras día flirteas con el destino. En definitiva, tus sueños se atascan por el miedo a fracasar. Todos necesitamos la chispa adecuada.
Y ahora, que estás podrido de sentimientos, resoplas y subes la persiana a ver si la luz de la luna te ilumina... Te entra un sudor frío, el único que últimamente conoces. Sonríes y coges la guitarra. Tiene muchas llagas incrustadas en su mediocre madera. Entonas un canto a la vida, a la felicidad, porque en el fondo sabes que siguiendo en esa línea, siendo fiel a tus principios, encontrarás en algún momento tu camino. No sabes cómo es, no quieres dejar tu suerte vendida al azar, confías en el karma... Let it be. Eres el sentido común.
Si sales del mundo puede que no vuelvas a entrar, pero día tras día flirteas con el destino. En definitiva, tus sueños se atascan por el miedo a fracasar. Todos necesitamos la chispa adecuada.

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