Cuando se es joven uno pretende anticipar las experiencias. Cuando se es mayor, se anhela la vuelta al pasado. No caemos en la cuenta de que cada cosa tiene su edad que, si una mísera palabra no hubiese sido dicha u omitida por nosotros, no seríamos nuestro "yo" actual, esa persona que se ha ido labrando lentamente en base a sus aciertos y errores, en base a sus elecciones. Obviamente, es humano preguntarse: "¿Qué hubiese pasado si....?", pero esa visión nos incita a pensar cómo hubiese actuado el "tú" de ahora, no el de aquel momento. Si no hiciste algo es porque no estabas seguro de ello, al igual que si sí lo hiciste. No atormentes tu ser con ese tipo de preguntas que no llevan a ningún lado. También, invito a poder subsanar algunos de los errores: si, por ejemplo, perdiste a un amigo por tu actitud, no es tarde para llamarle y pedirle perdón, si verdaderamente sabes que fue algo fortuito y tiene solución.
De un modo o de otro, sobrevaloramos las cosas. Cuando alguien nos hace una crítica, tendemos a intensificar la intención, pero si es un elogio, lo tomamos como algo rutinario y nimio.... ¡NO! Estamos aplicando un distinto sesgo, y así nos va.
Somos unos hipsters de la vida. El postureo rige cada gesto, cada palabra, cada acción y cada adquisición. Y es que, nosotros, queremos ser la imagen de lo que somos, incluso aquellos que quieren dibujarse como exclusivos son otra oveja más del rebaño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario